Sabe bien quien me conoce que por leer leo hasta los papeles desparramados por el suelo. Y es que hoy quiero contar la historia de unos papelajos en árabe que encontré en los anaqueles de la Librería Laberinto en la Ribera de Córdoba hace ya tres años por lo menos.
Estaba buscando una edición interesante del famoso Arte de las Putas de Moratín, cuando di con una de piel despintada y mal cosida entre los lomos de los más de mil librazos. Fue toda una sorpresa encontrar que dentro del tomo había unos papeles con poemas en árabe, anotados, con prólogo y mal encuadernados. Por suerte andaba por allá uno de los Quzmann, que dicen que son descendientes del mismo moro Benengeli, y le alojé en mi piso unos días a cambio de que me tradujera algunas de las poesías (moaxajas) que allí hallé escritas por una prostituta culta del siglo X u XI y de cuyo nombre no quiero acordarme.
Quzmann, mi traductor marroquí, me dijo «Amigo, a mí no me importa traducirte esto, pero que sepas que esto ya ha sido tocado antes. Aquí hay una mezcla de árabe medieval con árabe moderno y unas notas a pie de página un poco raras. El texto del prólogo debe datar de al menos el siglo XIX y las notas al pie son de un lector de más o menos la época del editor-prologuista» Yo claramente no pude más que insistir. ¿Qué hacían esos papelajos ocultos en una edición de un libro de Moratín que no conoce apenas nadie? Tenía que averiguar por lo menos que decían.
Transcribiré aquí algunas moaxajas más o menos de la misma forma que me las tradujo Quzmann, añadiendo algunos comentarios para entenderlas mejor. Pero antes de eso me gustaría transcribir el prólogo que podría ser de interés para el lector. Faltan las dos primeras páginas:
«de ello. Es por eso que probablemente estos poemas son transcripciones cultas de la sabiduría popular de prostitutas conversas. En ellos se trata el tema del poder, el sexo y la información. El manuscrito original, como ya se ha indicado antes, estaba envenenado con arsénico verde en los bordes; probablemente para alejar a ciertas personas de sus contenidos. El propio color verde aparece en los poemas como símbolo de la corrupción del cuerpo, pero también del alma por el exceso de poder, vicio o por intentar acceder a una sabiduría prohibida. Pero lo más extraño de estas jarchas y moaxajas es que no solo han sido formalmente retocadas y ya a veces ni siquiera parecen moajaxas tradicionales, a pesar de que su autora les ha dado ese título, sino que los temas sobre los que solían versar las moaxajas (la nostalgia por el amado que se marcha, el habib, y la tristeza por su pérdida) han desaparecido por completo en pos de una temática más pícara y material, incluso con importantes implicaciones políticas. Otro rasgo interesante es que el hablante de los poemas no es la típica mujer de las moaxajas, sino una mosca que se posa en los excrementos y fluidos del burdel…»
Dejemos de indagar en aspectos críticos e históricos que no interesan a nadie y pasemos a unos cuantos ejemplos de la sabiduría libidinal de nuestra mosca:
«No presido yo el amor como la hermosa Venus,
en cojines de cachemir postrada
cuyo coño cosido ha sido ya cinco veces
para satisfacer a los príncipes puteros.
Pues todos saben que la virginidad
de hombres es invento.
Para sacar más dinero de burdeles
Para sacar más prestigio de nobleza
Solo soy insecto alado, símbolo de
excremento, muerte e inmundicia
que a contar viene las artes de los burdeles.»
En una nota a pie de página, que debe de ser unos cuantos de siglos posterior al texto y de una voz claramente distinta a la del prologuista se lee lo siguiente: «La estructura de moaxaja es inexistente. Probablemente se trate de una poetisa cristiana (sic) que adorna su invento con un escenario arabesco de cartón piedra compuesto únicamente por unos «cojínes de cachemir» y el título de «moaxajas»»
«El rey es la puta cuando está en el burdel;
La puta es la reina cuando está en el burdel.
Así son las cosas:
el que mucho bebe y mucho folla poco calla.
Y el que poco calla pronto es vulnerable:
La verde podredumbre del mundo tiene hambre
Los púrpuras califas del mundo tienen
dinero
Y la información que bien se da bien se paga.»
Nuestra mosca, desde una perspectiva psicoanalítica, exhibe una fantasía sexual masculina: la prostituta poderosa que engatusa a los nobles. ¿Estamos de verdad frente a una autora? Tras esta fantasía está seguramente el deseo implícito de dominar sexualmente a la engatusadora vendedora de secretos. Tal como ha indicado antes el lector del pie de página, parece que hay elementos arabescos que esbozan un escenario musulman «de cartón piedra». Quizás se trate de una especie de racismo exótico. No descarto tampoco la hipótesis de un poeta católico, ya que el aura de tánatos que esconde la mosca hablante parece sin duda tener cierta raíz católica; por no hablar de la estructura ¿silogística? que parece enraizada en la lógica de la antigua filosofía griega.
«Ninguna mujer sería puta
Oh, amigos
Si el cabrón del marido no quisiera
Ninguna mujer sería puta
Yo os lo digo,
Si dineros para vivir tuviera.
Que no son cabrones
los que gozan de sus mujeres tributarias
Que son cabrones los que las pagan
despues del marido ya bien sobadas.
No es verdad que los humanos
distinto vivan de nosotras las moscas:
Pues algunos buscan chupar la sangre
Y posarse van a donde la mierda huele.
Algunos no viven en Estado de Civilizacion
Algunos viven en Estado de Naturaleza
Donde para sobrevivir hay que cazar
Donde las putas cogen pocos dineros míseros
A cambio de mil cientos de ostias.»
Este poema que tanto me gusta y me recuerda levemente al estilo de Moratín es un lamento muy humano de la mosca por la miseria de las putas. Sospecho que hay algún añadido de mi buen amigo Quzmann pues en el manuscrito original el poema es bastante más corto. En una nota al pie de página podemos leer lo siguiente: «Este poema, que muestra un lamento humanitario de la mosca, precede irónicamente una traducción en verso de la fábula esópica de las moscas y las abejas, en la que el poeta-traductor «moscaliza» a los seres humanos, contrastanto así con la «humanización» de la mosca. La fábula ha sido privada de su moraleja. El texto sería recogido otra vez en 1658 en uno de los volúmenes de «Viajes de Varones Prudentes» de Suárez Miranda.»
«Oh, dulce miel se derramaba
por los cojines de oro trenzados
Y a ella acudían gordos y ricos
moscardones
Y a ella acudían flacos y pobres
mosquitillos
Las patas gordas y flacas allá prendieron
Y las asquerosas moscas clamaban:
«Nos morimos desgraciadas nosotras,
por querer tomarlo todo en un instante de placer.»
No me cabe duda de que en el texto hay tendidas sábanas y ropajes de muchas épocas y lugares, ni de que son muchos los pobres y los príncipes que han gozado de sus laberintos poéticos y en ellos han proyectado sus secretos más oscuros. ¿Qué texto no es en el fondo un palimpsesto? ¿Qué texto no es una trampa del goce? Cada vez con más frecuencia el mapa tiene la misma escala que el territorio.